Despedida del viajero ceremonioso

Gianpaolo Talani, “Salida”


 


 

Amigos, creo que es
mejor para mí que vaya
bajando la maleta.
Aún sin conocer la hora
de llegada, sin siquiera
saber cuáles estaciones
preceden a la mía,
seguros signos me dicen,
por cuanto me han dicho
acerca de estos lugares,
que pronto habré de dejaros.

Espero que me perdonéis
la pequeña molestia que doy.
Con vosotros, la partida
me ha hecho feliz, y mucho
os agradezco, creedme,
vuestra excelente compañía.
Querría conversar aún
con vosotros. Pero qué remedio.
El lugar del traslado
Es cosa que ignoro. Pero
Siento que os recordaré
A menudo en la nueva sede,
mientras mis ojos ya ven
entre la nublazón del humo
que nos envuelve, el disco
rojo de mi estación.

Me despido de vosotros
sin poder ocultaros
una leve consternación.
Era tan bello hablar juntos,
sentados frente a frente;
asimismo confundir
los rostros (y fumar,
intercambiando cigarrillos)
y todos los relatos
nuestros (las fáciles
invenciones en nuestra charla)
hasta poder confesar,
hallándonos en apuros,
cuando habríamos podido confiar
(por equivocación) en un instante.

(Perdonadme. Es una maleta pesada
Aún sin contener muchas cosas:
me pregunto por qué
la he traído, y qué
ayuda podrá darme luego
cuando la tenga conmigo.
Sin embargo, debo llevarla,
quizá por mera costumbre.
Dejadme pasar, os lo ruego.
Bien. Ya con la maleta
en el pasillo, me siento
más libre. Perdonadme).

Decía que era bello estar
reunidos y charlar.
Con algunos altercados,
como es natural.
Nos hemos odiado – cosa
normal y frecuente –
en más de un asunto, y mesurado
sólo por cortesía.
Pero qué importa. Sea
como fuere, vuelvo a daros,
de todo corazón, las gracias
por vuestra excelente compañía.

Me despido de usted, licenciado,
y de su facunda doctrina.
Me despido de ti, muchachita
delgada, y de tu intenso efluvio
de patio recreatorio y de prado
en el rostro, cuyo manso
matiz es tan leve en su impulso.
Me despido de usted, militar
(¡o marinero! En la tierra
como en el cielo y en el mar)
en la paz y en la guerra.
De usted también sacerdote,
me despido, que me preguntó si yo
(¡bromeaba!) tenía como sinecura
la creencia en el verdadero Dios.

Me despido de la sapiencia,
me despido del amor.
También de la religión.
Marcho hacia mi destino.

Ahora que rechinan
con más fuerza los frenos,
os dejo de veras, amigos. Adiós.
De una cosa estoy seguro:
He llegado a la desesperación
serena, sin sobresalto alguno.

Me bajo. Os deseo un buen viaje.

(Giorgio Caproni 1912-1990)

 

Es un viaje personal y si solo tenemos una maleta para llevar con nosotros la vamos a llenar? Con qué?

 

 

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